Miércoles Santo (Id=249)
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Al nombre de Jesús toda
rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, porque el Señor se
rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz; por eso
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
In nómine Iesu omne genu
flectátur, caeléstium, terréstrium et infernórum: quia Dóminus factus
est oboédiens usque ad mortem, mortem autem
crucis: ídeo Dóminus Iesus Christus in glória est Dei Patris.
Oremos:
Padre misericordioso, que para librarnos del poder del enemigo quisiste que tu
Hijo sufriera el suplicio de la cruz, concédenos alcanzar la gracia de la
resurrección.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
No he sustraído mi rostro a los
insultos y salivazos
Lectura del libro del profeta
Isaías
50, 4-9a
En aquel entonces dijo Isaías:
"El Señor me ha dado una lengua de discípulo para que sepa sostener con mi
palabra al
cansado. Cada mañana me despierta el oído, para que escuche como los
discípulos. El Señor me ha abierto el oído, y yo no me he resistido ni me he
echado atrás.
Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, mis mejillas a los que tiraban mi
barba; no oculté la cara ante los insultos y salivazos. El Señor me ayuda, por
eso soportaba las ofensas, por eso endurecí mi cara como una
piedra, sabiendo que no quedaría defraudado. Mi defensor está cerca, ¿quién me
denunciará? ¡Comparezcamos juntos! ¿Quién me va a acusar? ¡Que venga a
decírmelo! Sepan que el Señor me ayuda: ¿Quién me condenará?"
Palabra de Dios.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Sal 68, 8-10.21bcd-22.31 y
33-44
Por tu bondad, Señor,
socórreme.
In multitúdine misericórdiae tuae, Dómine, exáudi me, témpore grátiae.
Por ti sufro el insulto y la
vergüenza cubre mi rostro. Soy un extranjero para mis hermanos, un extraño para
los hijos de mi madre. Me desvelo por defender tu templo, y el insulto de los
que te insultan cae sobre mí.
Por tu bondad, Señor, socórreme.
In multitúdine misericórdiae tuae, Dómine, exáudi me, témpore grátiae.
Los insultos me han roto el
corazón y casi muero; espero compasión, y no la hay; consoladores, y no los
encuentro. Me pusieron veneno en la comida, me dieron a beber vinagre para mi
sed.
Por tu bondad, Señor, socórreme.
In multitúdine misericórdiae tuae, Dómine, exáudi me, témpore grátiae.
Yo alabaré el nombre de Dios
con cantos, proclamaré su grandeza dándole gracias. Véanlo ustedes, los
humildes, y alégrense, recobren el ánimo los que buscan a Dios. Porque el Señor
escucha a los necesitados, y no rechaza a sus cautivos.
Por tu bondad, Señor, socórreme.
In multitúdine misericórdiae tuae, Dómine, exáudi me, témpore grátiae.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Señor Jesús, rey nuestro, sólo tú has tenido compasión de nuestras faltas.
Ave, Rex noster, Patri oboédiens:
ductus es ad crucifigéndum,
ut agnus mansuétus ad occisiónem.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
¡Ay de aquél por quien el Hijo del
hombre va a ser entregado!
† Lectura del santo Evangelio según
san Mateo
26, 14-25
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, uno de los Doce, el
llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos
sacerdotes y les dijo:
"¿Qué me dan si les entrego a Jesús?"
Ellos le ofrecieron treinta monedas de plata.
Y desde ese momento buscaba la oportunidad para entregarlo.
El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, los discípulos se
acercaron a Jesús y le preguntaron:
"¿Dónde quieres que te preparemos la cena de pascua?"
El respondió:
"Vayan a la ciudad, a casa de Fulano, y díganle: "El Maestro dice: Se
acerca el momento, y quiero celebrar la pascua en tu casa con mis
discípulos"".
Ellos hicieron lo que Jesús les había ordenado y prepararon la cena de pascua.
Al atardecer, se puso a la mesa con los Doce, y mientras cenaban les dijo:
"Les aseguro que uno de ustedes me va a entregar".
Muy entristecidos, se pusieron a decirle uno por uno:
"¿Acaso soy yo, Señor?"
Jesús respondió:
"El que come en el mismo plato que yo, ése me entregará. El Hijo del
hombre se va, tal como está escrito de él; pero ¡ay de aquél que entrega al
Hijo del hombre! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!"
Entonces preguntó Judas, el traidor:
"¿Soy yo acaso, maestro?"
Y Jesús le respondió:
"Tú lo has dicho".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Pongamos, hermanos y hermanas, nuestra mirada en Jesús, elevado en la cruz para
que todos los que crean en él tengan vida eterna, y oremos al Señor los unos
por los otros:
(Respondemos a cada petición: Señor, ten piedad).
Para que el Señor, que fue
entregado a sus enemigos por nosotros, tenga misericordia de aquéllos que, como
Judas, lo han traicionado y abandonado, roguemos al Señor.
Señor, ten piedad
Para que el Señor, que con su
sangre preciosa limpió los pecados del mundo, se muestre ante el Padre amigo y
defensor de todos los seres humanos, roguemos al Señor.
Señor, ten piedad
Para que los pobres, los agobiados,
los desesperanzados y todos los que con sus sufrimientos participan de la cruz
de Cristo encuentren consuelo en la pasión del Señor, roguemos al Señor.
Señor, ten piedad
Para que cuantos por el bautismo
hemos sido sumergidos en la muerte de Cristo participemos también de su
resurrección, roguemos al Señor.
Señor, ten piedad
Celebrante:
Dios todopoderoso y eterno, que has querido salvar al mundo con la muerte de tu
Hijo, concede a quienes recordamos con amor su pasión gloriosa obtener los
dones que te pedimos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Acepta, Señor, los dones que te
presentamos, y concédenos la gracia de traducir, en una vida de amor y de
obediencia a tu voluntad, el misterio de la pasión de tu Hijo que estamos
celebrando.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
La victoria de la pasión
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque se acercan ya los días santos de la pasión
salvadora y la gloriosa resurrección de Jesucristo nuestro Señor, en los que
celebramos su triunfo sobre la soberbia del demonio y recordamos el misterio de
nuestra redención.
Por eso,
los ángeles te cantan con júbilo eterno y nosotros nos unimos a sus voces
cantando humildemente tu alabanza:
[Misa]
El Hijo del hombre no ha
venido a ser servido, sino para servir y dar su vida para redención de todos.
Fílius hóminis non venit ministrári sed ministráre, et dare ánimam suam
redemptiónem pro multis.
Oremos:
Concédenos, Señor, Dios nuestro, creer profundamente que por la muerte de tu
Hijo, padecida en el Calvario y anunciada en cada Eucaristía, tú nos has dado
la vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
.